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Alejandro Reynoso era el nombre del motochorro que protagonizó una de las muertes más violentas y viralizadas en el país. Murió en el acto cuando la moto Yamaha robada en la que circulaba chocó de frente con un patrullero que intentaba detenerlo, arrojándolo violentamente contra el asfalto. El papá del delincuente fallecido contó una tragedia familiar que le cambió la vida.

«Nosotros reconocemos que él estaba haciendo cosas que no tenía que hacer. Cagadas, decimos nosotros. Pero lo correcto es que él pague como tiene que pagar. Para algo tenemos leyes, tendría que ir preso por el tiempo que sea», dice Mariana, su tía. «Se mandó una cagadaque la pague. Pero a mí me mataron un hijo y la justicia no hizo nada», agrega Martín, al borde del llanto.

Ángel, el menor de sus 11 hijos, tenía 11 años cuando una bala calibre 38 ingresó por su mejilla derecha y lo mató el 17 de diciembre de 2016. Estaba enfrente de su casa, jugando con un primo de su edad, en la casa de una prima de Martín.

«No sabemos cómo fue, dijeron tantas cosas. Que mi hijo llevó el revólver de mi casa, que se pegó un tiro solo, que entró un tiro por la ventana. Es imposible. El tiro entró y salió de la misma dirección, se lo tiraron directo», cuenta el padre. «El arma nunca apareció y mis primos se mudaron», dice: «Puede haber sido un accidente porque yo nunca tuve problemas con ellos, no lo sé. Pero estamos dolidos porque quisieron ocultar la verdad y no vinieron a decir lo que pasó».

«Tanto mis hijos como los pibes del barrio querían hacer cosas, ir a romperles la casa, y yo no los dejé. Los querían ir a buscar y yo me metí para que esperaran a la Justicia», dice y recuerda el tiempo en que creía que la pérdida de su hijo no iba a quedar impune. Ahora, asegura, la causa «está trabada».

Desde la muerte de Ángel nada volvió a ser lo mismo para la familia Reynoso. «Alejandro nació con el labio leporino y eso, imaginate, ya es muy cruel para un nene. Pero después de lo del hermanito quedó con mucho odio. Era como su bebé. Quedó muy afectado, con mucha bronca adentro. Cuando te arrebatan a alguien así te queda mucho resentimiento», dice su tía Mariana.

«Nosotros sabíamos que Alejandro terminaba en esto porque él siempre decía ‘yo termino así’. Uno sabía que si no era un día era otro y que una llamada a la madrugada era salir corriendo por él», cuenta, como resignada. «No lo podíamos enderezar aunque somos una familia muy unida. Él amaba a su madre pero ni ella podía cambiarlo».

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