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El preso del penal Almafuerte, que fue torturado y sometido por un grupo de internos, quienes lo filmaron y difundieron sus videos, está en una celda solo, sin contacto con ningún otro recluso desde enero pasado, luego de los vejámenes. Su madre aseguró que siguieron los hostigamientos psicológicos por parte de penitenciarios y que “se lavaron las manos con él”.

“Le ponían sus videos y le decían que bailara, que lo hacía muy bien. Después de todo lo que sufrió con los otros presos, una guardia que lo cuidaba a él siguió con el maltrato psicológico”, relató a Diario UNO Silvia, madre del interno de 25 años.

https://www.youtube.com/watch?v=8Ipxn-IiEyc

Debido a esto hizo una denuncia y hace un mes que sacaron a esos penitenciarios.

Se trata del joven que protagoniza dos videos que salieron a la luz en enero donde era humillado, sometido y torturado. En uno de ellos se veía que lo habían vestido de mujer y mientras lo filmaban con un celular lo obligaban a bailar.

En otro video lo obligaban a decir que había querido violar a una profesora del penal, mientras le metían un palo en la boca.

Ocurrió cuando estaba en el sector de Admisión II, de Almafuerte, junto con otos 20 internos, entre ellos los que forman parte del equipo de rugby conocido como “El Cacique”.

Silvia, madre del preso torturado, indicó que desde que se conocieron los videos, a su hijo lo dejaron aislado del resto de la población carcelaria, y pasa sus días solo en una celda.

https://www.youtube.com/watch?v=kclTzXtugZE

“Peleamos por la prisión domiciliaria, pero nos la negaron”, sostuvo Silvia.

Contó que su hijo pidió volver al Módulo 3, donde estaba alojado antes de pasar por las torturas que vivió, pero no tiene respuesta sobre un posible cambio de sector.

Lo mismo hizo para pedir estar en algún taller o estudiar, pero la respuesta nunca llegó, según explicó su madre. “Para mí que los pedidos que él hace no llegan donde tienen que llegar”.

Dijo que solo es asistido por una psicóloga que lo ve una vez por semana y que está medicado solo por las convulsiones que sufre.

Silvia viaja hasta Cacheuta una vez por mes para visitar a su hijo. “Cuando voy a verlo, una vez al mes por la situación económica, yo noto cuando converso con él que psicológicamente no está bien. Vuelve siempre a lo que le pasó, a lo que vivió, se acuerda y me cuenta de los chicos de admisión que le hicieron eso. Me dice que no da más, que se está volviendo loco».

Además, Silvia aseguró que tiene un recreo muy corto, de 1 o 2 horas, que sale al patio custodiado y solo. Solo habla un poco con otros internos con una tela perimetral de por medio.

“Una sola guardia le hace el favor de prestarle un teléfono para comunicarse conmigo. El director me dijo que iba a hacer que él me llamara todos los días un ratito, para más o menos poder ayudarlo por lo que él está solo, pero fue todo lo contrario, nunca cumplieron con su palabra”, aseguró indignada Silvia. “Me habla una vez a la semana, y a veces pasan dos semanas que no sé nada de él”.

Su primer ingreso al penal fue en julio de 2016, condenado a 3 años por robo simple y abuso sexual simple, pena que terminaba en julio de 2019.

En octubre de 2017, a solo 10 días de haber recibido la libertad de su primera condena, atacó a una mujer que caminaba por la calle, en Rivadavia, la amenazó, la llevó hasta un parque donde habría abusado de ella.

En un juicio abreviado, reconoció el hecho y acordaron una pena de 5 años por abuso sexual gravemente ultrajante con tentativa de acceso carnal y robo simple.

Una vez de vuelta en el penal, habría intentado abusar de una docente de la escuela de Alamafuerte, a quien amenazó y le dijo que se quedara quieta. La situación fue evitada por un penitenciario que ingresó al aula.

Con las nuevas condenas que sumó de abusos, y la unificación de penas, su condena terminará en julio de 2022, la cual deberá cumplir en su totalidad, y no podrá recibir beneficios debido a que es reincidente.

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